Monasterio del Escorial. Pasado y presente de una España decadente.

Retrato en el Escorial br

Hoy he visitado el Monasterio del Escorial. Realmente impresionante. Lo de realmente nunca mejor dicho. Observando semejante mausoleo siempre revolotea en mi pensamiento esa idea de la insoportable levedad del ser. Al final todos esos grandes reyes yacen en su sepulcro pudriéndose como cualquier ser vivo, porque la muerte a todos nos va a llegar y ahí de nada sirve invocar un supuesto origen divino.

Es curiosa esa pulsión que se da en las personas de querer trascender más allá de la vida. Por ejemplo los faraones que construyeron sus pirámides. Felipe II con el Monasterio del Escorial. El Vaticano. El Taj Mahal. Franco en el Valle de los Caídos. Manuel Fraga en la ciudad de la Cultura. José Crespo, alcalde de Lalín, con su castro tecnológico. Los edificios pueden durar más que las personas, las hipotecas también. Sin perjuicio de admirar el valor artístico y arquitectónico e histórico de todos esos monumentos, es inevitable pensar sobre qué cimientos se asientan. Cuántas historias de opresión hay detrás de muchos de ellos. Cuántos oprimidos y cuántos exprimidos. Lo que hace el poder cuando se sube a la cabeza y se desvía de su finalidad natural, que se supone que es perseguir el bien común.

En estos tiempos de austeridad, pasearse por el Escorial, por sus muros, su basílica, su biblioteca, las reales dependencias con sus tapices (alguno se tardó en confeccionar 18 años), la colección de relojes, el mobiliario, las pinturas murales, las puertas de marquetería, la casita del príncipe y la del infante, más que nunca uno piensa que para qué ha servido todo eso. Tanta megalomanía para qué. Y más en estos días en los que los telediarios se llenan de historias de hombres encorbatados devorados por su propia ambición sin límite, que no dudan en pisotear a quien sea para poseer más y más. El tener por encima del ser.

Y esta vieja España, en época de decadencia, que sigue sin liberarse de sus traumas (la religión católica, el guerracivilismo, dialéctica entre la idea de unidad o diversidad) ofreciendo cada día el lamentable espectáculo con unos aprovechando la ocasión para romperla, otros aprovechando la ocasión para aniquilar su diversidad. Y otros, la mayoría, intentando sobrevivir a todos esos pequeños y grandes sátrapas enquistados en el poder político y económico.

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2 comentarios

  1. luis

     /  8 diciembre 2012

    Pues quedas invitado a comer el pulpo ante el Escorial de Monforte.

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  2. Estupendo artículo. Moi atinado e ben redactado. Comparto todas as túas reflexións.
    Un afectuoso saúdo.

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